Apunte de urgencia

No sólo son los lugares los que nos traen recuerdos y apuntes de urgencia a la cabeza. También los movimientos, los gestos, ciertas personas que nada tienen que ver nosotros nos hacen saltar de repente a otro tiempo. Por ejemplo, si hoy apoyada en la barandilla de mi terraza en Sitges, tomando un té, veo a dos señoras mayores (mis vecinas del entresuelo) caminando cuesta arriba del bracete, es inevitable que piense en mi abuela y en la Adora (como siempre llevó un «la» delante, nunca supe si llamaba «Dora» o «Adora») paseando juntas por la carretera hasta la cueva. Y si las señoras de antes llevan una bolsa de la compra, también me traslado a cuando mi abuela me daba un capazo azul muy oscuro y me mandaba al bar, a comprar leche, aceite, galletas, chocolate… Y yo bajaba y mi abuelo estaba sentado en la plaza, en uno de los poyos de piedra, o en una banqueta plegable que solía llevar él, y a la vuelta del bar subíamos los dos y él me daba de merienda una rebanada de pan con vino y azúcar.

Y si en ese momento no apuntas algo en un cuadernito, lo que sea, parece que te disuelves, que te va a tragar la muerte. (Carmen Martín Gaite)

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