Marginaciones invisibles

El padre de mi guapa no me quiere ver ni en pintura. Desde que mi guapa comunicó en su casa que yo era su pareja y que íbamos a vivir juntas, para este señor pasé a ser la mala malísima que había manipulado a su hija para meterle ideas raras en la cabeza. Así las cosas, tengo prohibida la entrada a la casa de los padres de mi guapa (aunque su madre es un encanto y no tiene ningún problema con nosotras) y tampoco puedo asistir a ninguna de las reuniones familiares, se celebren donde se celebren. A mí, si este señor no quiere hablarme, pues básicamente me da igual, y lo de las reuniones familiares, como dice mi madre «más tranquila que te quedas», porque la verdad es que en circunstancias normales yo huiría de este tipo de reuniones.

Hasta ahí, todo bien (sin olvidar lo que sufre mi guapa a causa de que la mitad de su vida -la que comparte conmigo- sea ignorada sistemáticamente). El problema surge cuando el hermano de mi guapa tiene un accidente y como es lógico la acompaño al hospital, a urgencias, sin saber exactamente qué ha pasado ni cuál es su estado. Y antes de llegar las dos, mi guapa ya tiene un par de llamadas que le recomiendan que ni se le ocurra ir conmigo, que es un asunto familiar. Ignorando los avisos, por supuesto, vamos juntas, pero para no crear un cisma familiar, en una situación ya de por sí tensa, yo decido quedarme en la puerta esperando. Sin embargo, al entrar, nos cruzamos con su padre, que no me dice ni hola. Mi guapa, su padre y su hermano mayor se quedan dentro y su madre me saluda antes de entrar. Yo me quedo esperando, sentada afuera en unas escaleras, en un estado de ánimo bastante bajo, porque me gustaría estar cogiendo de la mano a mi guapa, pero no puedo por culpa de la intransigencia de su señor padre.

Así estaba cuando a unos críos gamberros se les ocurre que es muy gracioso tirarme desde arriba un huevo en la cabeza. Me quedé sin poder reaccionar, con el huevo roto resbalando por mi pelo y toda mi ropa. Una señora que lo había visto todo me señaló a los críos, y los miré también sin reaccionar. La misma señora, ante mi no-reacción, avisó al segurata de la puerta. Éste se acercó riendo, diciendo «¿que te han tirado un huevo, con lo caros que están?» y en ese momento mi primera reacción fue ponerme a llorar y decirle «tengo a alguien en urgencias. no es gracioso».

A partir de ahí, toda la tensión acumulada anterior, todo ese mantenerme al margen y no poder estar con mi guapa, me salió en forma de llorera desconsolada. Tanto, que un chico y una chica que también esperaban en urgencias salieron para preguntarme si estaba bien, si podían hacer algo por mí. Yo seguía llorando y ellos me miraban sin saber qué hacer. Me debieron de ver muy pequeñita, porque me preguntaron si quería que llamaran a mis padres.

Entonces les expliqué entre sollozos lo que me pasaba: que había venido con mi pareja, que mi pareja era una chica y que yo no podía entrar porque estaban sus padres y su padre no podía verme, y que encima me habían tirado un huevo en la cabeza (lo del huevo era más que evidente, pero yo lo remarcaba) y que con ese aspecto no podría presentarme tampoco más tarde ante ellos.

Se ofrecieron a entrar ellos y avisar a mi guapa, pero les dije que no, que no quería que me viera en ese estado, que ella ya tenía bastante con lo de su hermano (por fortuna, no fue tan grave como podía haber sido y ya está de alta en casa). Me indicaron que había un baño en la cafetería donde poder limpiarme (yo sólo veía mi ropa manchada de huevo por todas partes, pero no veía que en la cabeza todavía tenía trozos de cáscara que no me había molestado en quitar, tan en shock estaba).

Al entrar en la cafetería expliqué lo de los gamberros, me miraron entre con cara de circunstancias y ganas de reír (porque en sí misma la imagen de una chica entrando con cáscaras de huevo en la cabeza era cuando menos pintoresca) y me dieron kilómetros de papel de cocina super-absorbente para que me limpiara. Estuve un buen rato en el baño, lavándome como pude la cabeza con jabón de manos en una pila de lavabo y secándome con el papel de cocina. Mi guapa me encontró allí (le había enviado un sms cuando ya estaba algo más decente) y al verme no pudo evitar echarse a reír. Sus padres ya se habían ido, su hermano pequeño estaba bien y su hermano mayor se había ofrecido a llevarnos a casa en coche (es una hora de camino, así que se lo agradecimos mucho).

Ahora, que han pasado dos días de todo esto, empiezo a ver la parte graciosa del asunto, pero en el momento, de verdad, que fue una de las veces que peor me he sentido, absolutamente marginada y víctima de una broma nada graciosa en la puerta de un hospital. En aquel lugar, seguramente, mi pequeño drama de marginación por ser lesbiana era precisamente eso, muy pequeño, en comparación con lo que podía ser la historia del chico y la chica que salieron a consolarme (no eran pareja, cada uno se acercó a mí por su lado y supongo que no estaban en un hospital por gusto) y aunque probablemente no me lean, me gustaría dejar aquí mi agradecimiento para ellos, porque es bonito saber que después de todo todavía hay gente que se acerca a una desconocida que llora desconsoladamente en unas escaleras.

9 comentarios

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Sólo se me ocurre decir que os quiero. Sois grandes. Molts petonets i una forta abraçada a les dues.

Nuria,al fin pude entrar .No sabía cómo hacerlo antes,pero ya entendí.
Te envío un correo electrónico ,así que cuando lo veas,ábrelo que soy yo.
Allí te dejo el comentario y aquí dejo mi deseo de acabar con la intolerancia.
Abrazo
Nadaia

azena, sí, ya ves, fue un momento vida rara auténtico…

petita, muchas gracias por todo, tenemos que vernos pronto! 🙂

nadaia, ya te he contestado el mail, si no te llega, mira la bandeja de spam por si las moscas

nena!!! y a mi no me cuentas estos momentos friki vitales!!! tenemos que hablar pequeña!!
un besoo a las dos!!!

Hola editora:

Después de algún tiempo me reencuentro con tus historias…

Un atento saludo desde Tarraco.

Tte. Ripley

Nuria,perdona que te escriba aquí.
Encontré el diccionario de la edición 1966,en el lugar que me dijiste.Hay otro del mismo tiempo(solo un año de diferencia).
Si me escribes ,te comento.
Gracias por todo¡¡
Cómo va el hermano de tu guapa?
Y vosotras?
Saludos
Nadaia

A ratos tu historia encabrona un monton y de pronto te entran unas ganas terribles de reirte y al mismo tiempo te empieza la ternura. Es una buena historia. Pequeñita y buena. Sobre todo porque ya le has encontrado el punto gracioso. Animo con el padre de tu guapa.

Qué entrada tan triste, bonita y emotiva. Algún día las cosas cambiarán… *cruza los deditos*
Saludos de otra repudiada por los padres de su guapa 🙂

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