El laberinto de las esquinas

Fragmento de «La Reina de las Nieves», de Carmen Martín Gaite. Es parte de una conversación entre el protagonista, Leonardo Villalba y su compañero de celda, Julián Expósito. Leonardo le explica sus problemas con las esquinas…

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—Y luego cuando llegas aquí [en la cárcel] comprendes que también es mentira.

—¿Mentira qué?

—Lo de la calle…, la libertad esa.

—¿Pero por qué es mentira?

—Porque crees que puedes abarcarlo todo, ir a donde te dé la gana, decidir miles de cosas desde dentro de ti, y luego no puedes, no descansas, sólo vives atento a no pegarte contra las esquinas de los demás, del tiempo, de los muebles, de las máquinas, a que no te peguen el trastazo, como cuando va uno montado en los autos de choque de la verbena. Y te parece que has ido donde has querido y que has hecho lo que te ha dado la gana, pero no, todo se reduce a andar zarandeado de tumbo en tumbo, a evitar esquinas y leyes y llamadas, a elegir entre las mil alternativas con que te tienta el mundo movedizo…, ¿cómo podrá estar tan asentado y ser tan movedizo al mismo tiempo?… Lo sientes ineludible encima de ti, forzándote a experimentar placeres, emociones y odios que son como agua contaminada; te aturde con preguntas, te acorrala con consejos, ¿qué piensas?, ¿adónde vamos?, ¿a qué hora terminas?, date prisa, defínete; y entonces te marginas y sueñas con vivir una aventura a contrapelo y te declaras fuera de la ley, por eso, por huir de las definiciones, pero caes en la delincuencia y ya estás definido otra vez, quieras o no, eres un delincuente y te están buscando, conque a huir de esta búsqueda, y ya estamos en las mismas, no hay manera de volar, no hay manera. Hasta que caes aquí, en este hondón, y es el descanso, porque han dejado de perseguirte. Esto es la nada pura, el puro absurdo, sí, el vacío, pero desde el vacío se puede abarcar todo, viajar a cualquier sitio. Porque este lugar contiene a los demás. Y además los ha destilado, los recuperas ya sin esquinas.

—¿Entonces tú no tienes ganas de salir de aquí? —preguntó Julián extrañado.

—Te crees que sales, pero entras —fue la contestación—. Te metes otra vez en el laberinto de las esquinas.

(La reina de las nieves, Carmen Martín Gaite)

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