La culpa no la tiene Libranda

Hace un par de años o más, cuando aquí apenas se empezaba a hablar del e-book y sólo unos pocos “frikis” tenían un lector, me encontré con una colaboradora de mi revista (Iguazú. Revista Artesanal de Literatura y Cultura) que conocía bien el mercado americano y me juraba y perjuraba que aquello era el futuro del libro. Yo no lo terminaba de ver claro.

– Pero vamos a ver -le decía yo a mi amiga- sí tú eres tan fetichista del papel como yo, ¿cómo me dices ahora que esto es fantástico? Si no se puede abrir, ni tocar, ni sentir el tacto del papel…
– Nuria, sí, yo soy fan del papel, pero cuando tienes un cacharro de estos en las manos, cambias de opinión por completo, ya verás, tienes que comprarte uno. Es otra cosa, me encanta tanto como el papel.

Fue la primera vez que empecé a tomarme en serio la idea de comprar un lector y probar eso del ebook, porque aquella colaboradora mía hablaba con verdadera pasión del tema y porque además yo sabía que ella venía del universo impreso igual que yo. Si una lectora emperdenida como ella me lo recomendaba, por algo sería.

Aquella “friki” lectora de toda la vida, absolutamente conversa a lectora electrónica, era Arantza Larrauri, actual directora general de Libranda. Ella ha conseguido que yo esté en proceso de crear una edición ePub de mi revista (en papel desde hace 14 años) y también que haya dado el salto a la publicación como eBook del libro “¿De otro planeta?” que edité hace cuatro años y que actualmente se encuentra descatalogado.

Explico lo anterior como ejemplo de lo que para mí es el verdadero valor de Libranda. Lo mismo que Arantza me convenció a mí en su día, mucho antes de tener el puesto que tiene ahora, de que el futuro está en el e-book, Libranda puede convencer también a un montón de editoriales, de esas dinosaurio y anticuadas que jamás de los jamases tendrían nada digital.

España no es EE.UU, “que inventen ellos”

Tenemos que asumir que la mentalidad española no es la misma que la americana o anglosajona. Nuestras grandes editoriales son conservadoras y reacias a cualquier innovación. Se asustan antes ni siquiera de mirar por la ventana para ver el tiempo que hace fuera, no digamos ya si abren la puerta y les viene una ráfaga fría. Prefieren encerrarse en sus baluartes, en lo que conocen. Y lo que conocen es el papel y los sistemas de distribución clásicos.

Aquí es donde entra Libranda como distribuidora, no como tienda, porque es muy importante entender que Libranda no es una tienda, aunque a todos nos hubiera gustado que así fuera, y reconozco que su campaña de comunicación no ha contribuido a aclarar este punto, al contrario, nos ha confundido mucho. Como distribuidora ha reproducido exactamente el modelo analógico, algo que se le ha criticado mucho. Sin embargo a mí no me parece mal. Es una manera de decirles a las editoriales, “eh, aquí podéis tener vuestro almacén de ebooks, en un servidor seguro, con un sistema que os tramitará los pedidos y lo gestionará todo por vosotros”.

Podemos objetar que cualquiera puede montar un servidor en su casa y montar su chiringuito de ebooks, es cierto, pero seguramente ninguna Planeta o Anagrama vendrán a nuestro chiringuito y además, muy probablamente la palabra “servidor” ya les cause dolores de cabeza. Así que si viene una distribuidora, de la que además son socios (no nos engañemos, la distribución en papel de los grandes grupos ya está igualmente en sus propias manos y cada vez quedan menos distribuidoras independientes) que les soluciona toda esa parte logística técnica online que es un misterio para ellos, pues oye, mira, igual sí se animan a empezar a producir ebooks, que es lo que de verdad nos interesa a los lectores.

Porque la culpa de que Libranda tenga un catálago tan pequeño no es de la plataforma en sí (insisto, es una distribuidora, distribuyen lo que les llega y hacen presión para que les lleguen más cosas y distribuirlas en más lugares), sino de que nuestro mundo editorial clásico todavía no tiene muy claro si esto del ebook no será una cosa de cuatro frikis y total, para qué vamos a invertir.

Los derechos son míos y eso del ebook es muy raro

Además, tenemos a los autores, claro, porque una cosa es el pequeño editor/autor como yo, que por más románticos que seamos, vamos a ver las ventajas del ebook muy rápidamente -sobre todo en términos de difusión, que en primera instancia es lo que más nos interesa- y otra cosa son los autores consagrados -de los que precisamente viven las grandes editoriales- que ven en un nuevo formato una amenaza y tratan de protegerse a toda costa, vendiendo los derechos igual de caros que los de papel, y eso si tenemos suerte de que los vendan.

Sobre este punto debemos tener en cuenta (no sé si todos los que han criticado a Libranda lo saben) que los derechos un autor los vende como le da la gana -para eso son suyos, me parece fantástico- y que por lo tanto podría vender una obra en papel a una editorial y la misma obra en ebook (aunque sea la misma) al mejor postor, que resulta que ha pagado un montón para poderla publicar y evidentemente eso se reflejará en su precio, junto con el injusto y casi surrealista 18% de iva que tienen los libros electrónicos frente al 4% de los de papel (no se me malinterprete, no defiendo los precios actuales, que me parece que necesitan una revisión).

En el tema del DRM no me meto, porque eso es una cuestión de la editorial, no de la distribuidora. Se podría criticar aquí que las editoriales son el motor de Libranda, y que monta tanto, tanto monta, pero las críticas han ido todas contra Libranda como ente, no contra las editoriales que han decidido -absurdamente en mi opinión- hacer del DRM su protección contra la piratería. Es decir, critiquemos con propiedad a las editoriales, no a la plataforma que han montado. Lo preocupante del DRM no es lo complejo nos pueda hacer el proceso de leer un ebook -a veces tan complejo que es directamente imposible- sino lo equivocado de su existencia misma, lo que tiene que cambiar es la mentalidad de quien lo implementa, pero eso con los dinasaurios que tenemos por editoriales no es tarea fácil, ya lo sabemos.

Preparando el terreno

Libranda, incluso con todos sus errores y con todos sus deberes pendientes, está en una situación privilegiada para realizar la labor básica de preparar del terreno para que algún día en este país se tome el ebook como una realidad, y no como algo futurista. Me gusta ser optimista y pienso que sí, que ojalá lidere este cambio de mentalidad desde dentro.

pd: ah, y tengo que decirlo, aunque no venga a cuento: el iPad NO es un lector de ebooks, prueba de ello es que no usa tinta electrónica, sino que tiene una pantalla brillante como cualquier pc (vaya, que la vista se nos cansará lo mismo, por muy “cool” que sea el aparato y por mucho que se ajusten los niveles de brilo y bla bla para leer un ebook).

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7 comentarios

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  2. Hola Nuria! Te leo desde hace tiempo… Además, soy una de las afortunadas que pudo conseguir el “De otro planeta” en formato libro que, por cierto, me encantó. Creo que los formatos digitales son el futuro, aunque tengo que confesar que yo soy mucho de tacto-olfato y me gusta manosear mis ejemplares… Ahora me gustaría comprarme un e-book… Me recomendarías el tuyo? Estoy perdida…

  3. Editoraaaa!!! Ehhh, ya está el libro naranja en ebook??? Qué alegría, no???
    Yo soy súper defensora de las nuevas tecnologías, claro que sí, pero aún no tengo lector digital, dentro de un tiempo supongo que me compraré uno.

    Aunque, creo que jamás de los jamases una dedicatoria será tan auténtica como la que se imprime en el papel 😉

    Besos enormes, a ver si coincidimos en septiembre, que es cuando todo vuelve a la normalidad!

  4. Mertxe, Carol, puntualizo que el libro naranja todavía no está en eBook, pero que está en proceso de serlo, estoy ajustando la maqueta y preparando además una re-impresión para que la gente también lo pueda comprar bajo demanda y que también pueda descargar el pdf si lo prefiere. En octubre estará listo todo y veréis los cambios en esta web 🙂

  5. Estoy totalmente de acuerdo con tu artículo. Las editoriales están contemplando el ir y venir del mercado norteamericano, esperando que les aporten la solución “perfecta”. En cierta forma Libranda les da ese empujón que tanto necesitan; eso sí, poquito a poco. Añaden pocos títulos para poder cotejar el nuevo mercado en base a prueba y error. Si los resultados son convincentes creo que veremos al fin, como Libranda se convertirá en esa gran plataforma de contenidos en castellano y catalán que tanto se echa en falta. Pero si los resultados son negativos, mucho me temo que de nuevo todo se paralizará a la espera de otra posible alternativa. De lo que estoy convencido, si esto sucede, es que este nuevo mercado buscará otra nuevas vías para su crecimiento, quedándose atrás esas editoriales tradicionales incapaces de dar el cambio necesario en su negocio.

    Libranda debe de olvidarse de mantener ese modelo tradicional de venta del que tanto se aferran. Creo que su sitio natural es como tienda virtual directa para el consumidor “digital” y como gestora-distribuidora hacia otras grandes plataformas que utilizan un DRM propio como son iBooks Store de Apple y Amazon.

  6. Rafael, cierto, lo ideal es que Libranda acabara siendo una tienda directa y que su usuario fueran los lectores (y no las editoriales y las librerías como pasa ahora). Aquí supongo que de momento le pesa el que las editoriales todavía tienen que rendir pleitesía a las tiendas físicas (sobre todo a las más grandes) y seguramente no puedan enfadarlas para no perder sus contratos de distribución del libro en papel con ellas. Es muy absurdo, la verdad, que el ebook tenga que depender de las decisiones que se toman sobre la edición en papel, pero en fin, es lo que hay. Costará tiempo, pero antes o después las cosas caerán por su propio peso y todo se pondrá en su sitio. De momento, si gracias a la presión que pueda ejercer Libranda entre sus usuarios (editoriales y librerías) se empiezan a producir poco a poco más ebooks, nosotros como lectores ya salimos ganando, aunque sea sólo el primer paso para llegar a la meta final.

  7. @poliorcetes (que había escrito antes este artículo) y yo hemos mantenido una interesante conversación sobre el tema en Twitter y, con su permiso, la reproduzco aquí, porque -aunque no estemos de acuerdo- creo que aporta valor al post.

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