Hace unos 2 o 3 años mi amiga Ana Esteban, excelente fotógrafa, autora del personalísimo proyecto «Cuando un ángel te visita» me pidió que posara desnuda para una serie de retratos que estaba haciendo. En concreto, ella tenía clarísimo que mi retrato tenía que ir en el último apartado de esa serie, que llevaba por título «Libertad». Yo no lo veía tan claro, ni el posar desnuda, ni mucho menos que yo fuera tan libre como Ana me veía. El caso es que al final me dejé convencer. Es la primera y única vez que he hecho algo así, aunque si se diera la oportunidad no me importaría repetir. Ana hizo muchísimas fotos de todo tipo, de cuerpo entero, de detalles, en una postura, en otra… y entre todas ellas hubo una que la enamoró y que presentó más tarde en un encuentro de fotógrafos y que también tiempo después estuvo expuesta en alguna sala (no recuerdo ahora exactamente dónde).

No sé qué habrá sido del resto de las fotos, ni dónde las tendrá guardadas Ana, pero dicho esto, aunque cualquiera de esas fotos se hubiera expuesto públicamente, nadie tiene derecho a sacarlas de contexto, y además, yo con mi cuerpo hago lo que me da la gana, nadie tiene que decir o inventarse excusas de que por haber posado una vez ya se puede hacer lo que se quiera con mi imagen. Todo esto lo digo a cuenta de no sé qué polémica actual con unas fotos robadas a no sé quién y comentarios ultra machistas que estoy leyendo por ahí… en fin, cuánta educación necesitan todavía algunos.

Pd: como sé que os morís de curiosidad, aquí está el link a la foto que eligió Ana: La editora con carrito al desnudo

This article has 4 comments

  1. María

    Las fotografías de ti que hizo la fotógrafa son arte. No se miran igual que una fotografía personal… ¡Yo te imaginaba rubia!

  2. editora

    María, ¿en serio me imaginabas rubia? Hay quien me ha dicho que me imaginaba alta (y para nada lo soy) o con gafas de pasta (y tampoco, de hecho no llevo gafas), pero ¿rubia? Eres la primera que me lo dice, jajaja…

  3. Dioniso

    aparte gañaría machotuna, lo peor de las tales fotos es cómo contribuyen a dar carta de naturaleza al hecho de que a uno le roben objetos personales (_sus_ fotos de _su_ telefono) y que lo más preocupante no sea el delito y el delincuente, sino el escándalo de las desnudeces, terriblemente humanas todas ellas. lo malo es que el rebañejo, con algo de sexo –y por miserable que sea–, no para mientes en quienes espían y roban del teléfono de uno; se acostumbra a la anécdota endulzada del delito, pero no se cuida ni del castigo ni de la prevención.

    (y tu foto: no demasiado humana, sencilla y hermosa. mólame.)

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