En julio de este año en mi post “Siete cuestiones en las que el amable lector probablemente nunca ha pensado” (es la cuestión 6) ya apuntaba, entre otras cosas, que el ISBN se había privatizado y que debido a ello dejaría de ser gratuito.
Bien, se acaban de hacer públicas las tarifas del ISBN para el 2011 y para el isbn 2012. Lo más destacable para las editoriales pequeñas es que el pack mínimo de 10 isbns (ahora se tienen que pedir mínimo de 10 en 10) costará 45 euros en 2011 con catalogación gratuita y 45 euros más 50 de catalogación en el 2012. No me queda muy claro, la verdad, en qué consiste el servicio de “catalogación” y si lo cobran cuando pides el ISBN por adelantado, o cuando ya tienes un libro para publicar y tramitas el ISBN definitivamente. Para los autores/editores el precio se dispara y 1 sólo ISBN costará 45 euros (catalogación gratuita, eso sí). Además, si nos interesa por lo que sea un servicio de tramitación express, de 1 día, se pagará un plus de 50 euros.
A mí el tema del ISBN, independientemente de que estos precios que ahora tiene, hace tiempo que me interesa. Siempre he pensado que este número era una manera rápida de localizar y encontrar un libro. Por ejemplo, si tú ibas a una librería, y te sabías (por alguna extraña razón) el ISBN, no tenías más que decirlo para que al instante te dijeran si lo tenían o no. Como número para hacer “encontrable” un libro, en estos tiempos el ISBN podría estar más que superado, ya que ahora mismo hay muchas maneras de encontrar un libro (Google o Yahoo serían las principales).
Pero el ISBN es sobre todo un “identificador”, y es además un estándar internacional, y como tal es la única manera para poder saber que el libro que compras es exactamente el que tú quieres, con el mismo prólogo, las mismas notas, el mismo traductor, la misma editorial, etc. Si un libro tiene varias ediciones y a ti te interesa aquella con un prólogo extra, por ejemplo, puedes identificarlo a través del ISBN.
El ISBN identifica contenidos, pero también identifica formatos, ya que así podrás comprar la edición de bolsillo y no cualquier otra que no quepa tu estantería (por decir algo). Hasta aquí, todo correcto, tiene su lógica, su utilidad. Pero actualmente, con la aparición del libro digital, el ISBN también identifica formatos, con lo que la versión para Amazon de un libro lleva un ISBN, puesto que está en el formato .mobi, mientras que la versión para La Casa del Libro (por poner un ejemplo) de ese mismo libro (contenido) lleva otro ISBN, ya que el formato será .epub, y por lo que me acaba de decir @jaumebalmes, el mismo contenido, con el mismo formato (.epub) al parecer tendrá que tener otro tercer ISBN distinto para poder ser vendido a través de la plataforma de Google (confirmado por google que esto no es así), y otro cuarto número para ser vendido en Apple. Y por supuesto, este mismo contenido, en su versión papel, tendrá un quinto ISBN (y si hay una versión en .pdf, pues otro ISBN más).
Yo me pregunto si esta diferenciación de formatos digitales para exactamente el mismo contenido es necesaria. Por un lado me digo que sí, porque de la misma manera que no es lo mismo comprar una edición de tapa blanda que una de tapa dura, no es lo mismo comprar un archivo .mobi que podré leer en un kindle (pero no en ningún otro aparato) o que un archivo .epub (que podré leer en muchos dispositivos, pero no en el kindle). Por otro lado, sin embargo, veo más lógico tener un ISBN único para identificar la versión digital de una obra (independientemente del tipo de archivo final) y que fuera otro identificador o metadato obligatorio el que nos dijera el tipo de archivo final. Algo así como “éste es el libro con ISBN 123.456.789 en versión .mobi”. o “libro ISBN 123.456.789 en versión .epub”. Quizá es una manera más transparente hacia el lector y económica hacia el editor de tramitar un conjunto de información.
Volviendo al tema de los precios y de la necesidad de un ISBN distinto por formato, para una editorial pequeña la publicación de 1 sólo título supone ya 5 de ese primer pack de 10 ISBN que ha solicitado = 22,5 euros + 25 de catalogación. Y si un autor/editor quiere hacer lo mismo y publicar en varios formatos, tendrá que multiplicar 45 euros por cada uno de los formatos.
Ahora bien, aunque estos precios nos parezcan abusivos (sobre todo los relativos al autor/editor, aunque en realidad, comparado con otros países, son de los más baratos) no debemos dejar de reflexionar que como bien indica la Agencia, el ISBN no es obligatorio, por lo que quien quiera publicar un libro como autor/editor, lo podrá seguir haciendo sin ISBN (pienso en la mayoría de obras que nos podemos encontrar en plataformas de autoedición como Bubok o Lulu), aunque sí es verdad que el hecho de no tener ISBN dificultará su distribución en los puntos de venta tradicionales (librerías).
El otro interesantísimo debate es si deberíamos olvidarnos del ISBN y crear un sistema de catalogación alternativo. En esta línea ya hace tiempo que Fran Ontanaya ideó el IABN (International Automatic Book Number) para libros electrónicos en formato .epub, una iniciativa que siempre me ha llamado la atención.
Y mientras tanto, yo sigo manteniendo mi relación amor-odio con el ISBN, ya que la existencia de un número estándar internacional es buena en sí misma, aunque lo preocupante es su gestión de forma arbitraria o poco lógica. Habrá que ir viendo cómo evoluciona.