Apuntes «Tamaño Nuria», segunda parte

Hace unos meses escribí un post titulado «Apuntes “Tamaño Nuria”, primera parte» y se me había quedado en el tintero escribir y publicar estas reflexiones que lo continúan… Aunque yo nací como casi todos los niños de mi generación en el año 1977 en una gran ciudad (nada y más nada menos que Bilbao) y crecí en una capital de provincias como Vitoria, mi padre se jubiló muy pronto por enfermedad, cuando yo tenía 9 años… Seguir leyendo…

Apuntes “tamaño Nuria”, primera parte

Fotografía de Cristina Mas Peter. Mi tía Julia siempre explicaba con orgullo que su padre (es decir, mi bisabuelo) sabía leer y escribir y echar cuentas. También contaba que mi abuelo (es decir, su hermano) podía recitar de memoria el Juan Tenorio y que con eso había entretenido más de una vez a otros pastores cuando les pillaba un día de lluvia en un corral alejado del pueblo. Mi padre, que tiene edad en realidad… Seguir leyendo…

Tamaño Nuria: Los recuerdos viajan en un post-it amarillo

Esta mañana, mientras caminaba hacia la estación de tren, he visto un post-it en el suelo con una sola palabra en mayúsculas. Me ha parecido que la reconocía y he vuelto para comprobarlo. Efectivamente: SAUSALITO. El post-it estaba medio pegado entre la calle y un folio morado en blanco, sucio y pisado. He dado la vuelta a esa hoja, esperando encontrar otro nombre, pero no ha sido así. Sólo ponía: “Frutas Almería. La fruta es… Seguir leyendo…

Tamaño Nuria: Pasear con rumbo

Muchas veces paseaba en círculos alrededor de un punto conocido al que no terminaba de acercarme del todo. Podía ser el piso donde vivía una amiga o la biblioteca donde trabajaba otra. Eran lugares seguros a los que podía acudir cuando mi casa se hacía demasiado grande o demasiado pequeña (o tal vez era yo la que cambiaba de tamaño). Sin embargo, me daba miedo desgastarlos y tampoco quería mostrarme así de perdida ni aferrarme… Seguir leyendo…

Tamaño Nuria: El camino

Cuando vivía en Canterbury caminaba todos los días de casa a la universidad. El campus -donde vivía- estaba a unas dos millas del pueblo, sobre una montaña, así que todo alrededor eran campos y bosques. El camino a los “colleges” quedaba perfectamente marcado en piedra y cemento entre los árboles, con su carril de bicicletas correspondiente. Entonces yo a menudo, consciente de esa frase en mi solicitud (la única mía, la que respondía a una… Seguir leyendo…