La aparición de un fresco (sin datar oficialmente, pero creemos que es como mínimo del S XVIII) en la pared de la alcoba de Casa tía Julia me ha llevado a buscar información sobre arquitectura de la época. Así, saltando de link en link he llegado al blog «La bitácora de ATT» donde encuentro esta cita de Michelle Perrot en Historia de las alcobas (Siruela, 2011):
«La habitación es una caja, real e imaginaria. Cuatro paredes, techo, suelo, puerta y ventanas estructuran su materialidad. Su tamaño, forma y decoración varían con el tiempo y con los ambientes sociales. Su cierre, al igual que un sacramento, protege la intimidad del grupo, de la pareja o de la persona. De ahí la importancia capital de la puerta y de su llave, que es el talismán, y de las cortinas, que son los velos del templo. La habitación, además, lo protege a uno mismo, sus pensamientos, sus cartas, sus muebles, sus objetos. Como defensa, repele al intruso. Como refugio, acoge. Como trastero, acumula. Toda habitación es, más o menos, una especie de «gabinete de prodigios», igual que aquellos que, en el siglo XVII, creaban los príncipes ávidos de colecciones»